Darse Cuenta

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Darse Cuenta Las personas, especialmente las funestas, las fieras y las enfermizas, necesitan comenzar a vivir en ellas, lo que en el fondo implica que la especie reconozca sus raíces como parte animal y viva del organismo Planeta. Comprendiendo esto sería capaz de respetar y re-vincular las respuestas en su interior y en el hábitat, restableciendo la conexión mente (una mínima parte conocida que, casi en su totalidad, es virtual)-cuerpo(naturaleza). De otra forma, las próximas propuestas de sanación humana y planetaria serán una mera vía de comercio verde asociada al USO de la naturaleza y no al amor por ella. Una variación del mismo funcionar, reproducción de las archiconocidas máquinas artificiales con disfraz de salud en progresiva demanda y diversificación de las cuales la oferta es y será confusa, en especial, para aquellos individuos carentes de su “saber-ser”, pertenecer y del criterio idóneo que es fruto de un comprometido proceso de re-educación personal que, de seguro, no vendrá en un envase de píldoras . Como el ser humano, en consecuencia de la “adaptación” frente a las hostiles condiciones climáticas y geográficas heredadas desde el pleistoceno (*), se ha desligado del placer sensitivo y del eco de la vida, limitando la dimensión del goce al estímulo oral a través de la comida, visual a la imagen conceptual, y físico al sexo y la masturbación, se entiende que el comer compulsivo, juzgar y preconcebir y la sexualidad mecanizada estén masificados producto de la colición artificialidad-naturaleza, predominando la primera y en, algunos casos, en carencia total del vínculo natural, lo que explica la envergadura del vacío y autodestrucción de la única especie que atenta contra otros de la misma y de su propio entorno. Y en el intento de crear valoración humana, el amor del “conmigo” no se trata de pronunciar palabras lindas ni de edificar un castillo de ego, es acerca del respeto inherente a mi acción cotidiana, bajo los parámetros de mi cuerpo y de quién soy, no de lo que me han y he querido hacer creer en la repetición de enseñanzas inculcadas por la escuela de muerte donde la imposición de roles, miedo e ilusiones son estructura fundamental de la malla curricular del postulante a la sistematización. Por lo tanto, es la escuela de la vida, la mejor oportunidad de sanarnos y re-encontrarnos. Ver lo que tenemos por sobre lo que nos falta, sin llegar al envanecimiento. Sin ignorar la inminente necesidad de restablecer aquellos aspectos que no calzan con nosotros y el resto, y que en su máxima desintegración constituyen una negación patológica y en su integración un aporte del conocimiento particular que ganamos en nuestro “andar”. El sabernos protegidos y cuidados por el útero naturaleza, cosmos….o como quiera nombrar al todo que es el origen y el retorno de cada uno de los ciclos, sabiendo que en ello radica la confianza, la recepción y la entrega. El MOTIVO y la respuesta. El apoyo fidedigno. El verse, por fin, una vez que las ideas de lo que creemos es la realidad, se callan.

(*) De acuerdo a cambios acordados en 2009 por la comunidad científica sobre el concepto de plioceno a pleistoceno. Artículo de referencia en inglés aquí

Por Catherine Ariana