A los custodios

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A los custodios Me llama la atención observar a los niños jugando en las plazas y siendo vigilados por sus sobreprotectores padres. Ellos cuidan cada paso, y antes de que el niño siquiera efectúe movimiento mencionan una larga y horrenda lista de posibles daños físicos ante la, aún, inexistente acción. Por suerte, los niños no escuchan y se dejan llevar por el deseo de exploración, en especial en compañía de semejantes o personas que aún no olvidan que poseen su propia juventud, y que, mezclada con la madurez, hacen una mezcla perfecta. Si los padres mantuvieran en vida la juventud interna estarían mucho más cerca de sus hijos, en la complicidad y el goce, en la confianza de sentirse cuidados y protegidos por el tejido que nos contiene. El niño se siente realmente acompañado y seguro de sus acciones y capacidades cuando quien lo cuida también posee su lenguaje y vitalidad suficiente para compartir el juego. Gran parte de las enfermedades heredadas provienen de cuidadores que no supieron ser sanos y joviales con ellos mismos. Y como lo palpable es lo que uno hace y es, no se puede transmitir de otra manera una ética de vida y de salud que no se viva primero en quien la proclama. Y porque quien se sabe cuidar a si, sabe cuidar mejor de otros. No repitas la historia de abandono que tuvieron y tuviste contigo. Cuidate y re-educate, al menos, por la semilla que plantas. Hereda salud, hereda vida.

Por Catherine Ariana